En este inicio del siglo XXI, en nuestras sociedades divididas, inquietas y sin referencias, la Masonería propone una espiritualidad original, en base a la total libertad de pensamiento y en torno a su lema de Fraternidad Libertad e Igualdad.
Todas las religiones tienen como fundamento una verdad revelada y por consiguiente un "credo" y unos dogmas que divergen de una religión a otra y pueden llegar a "guerras de religiones" tal y como se ha podido verificar, y se sigue verificando, en todos los tiempos y todos los continentes.
Mientras la religión se considera ontológicamente apta para contestar a las grandes cuestiones del hombre sobre lo finito y lo infinito, lo perfecto y lo imperfecto por ejemplo, la Masonería pretende privilegiar unos valores éticos. En particular la libertad, más concretamente la libertad de conciencia considerada en el sentido Kantiano como una libertad basada sobre el uso trascendental de la razón. La Masonería no propone ninguna trascendencia divina, sino la trascendencia de la razón y de la libertad hacia la plenitud interna en base a conceptos y valores diferenciados, sin o con referencia a Dios, y eventualmente fundadas en el ateismo.
Para los masones "la trascendencia esta orientada hacia lo inmanente pero sin ser reducido a este". Giuliano Di Bernardo
| | Mientras las religiones creen en una verdad absoluta e inmutable, los masones creen que la verdad es un objetivo inalcanzable, ya que no existe ninguna verdad absoluta, menos aun revelada. La noción de libertad, entendida como libertad de elegir sus sistemas de referencia y de valores, funda la vida ética de los masones y trasciende a los demás valores de tolerancia y fraternidad, pilares del pensamiento masónico.
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De la misma manera que el misticismo no es una doctrina sino una experiencia, la espiritualidad de los verdaderos masones consiste en:
· buscar la relación con el "saber",
· realizar la síntesis entre el subjetivo y el objetivo, entre lo que divide y lo que reúne, con este permanente va y viene que constituye el acto mismo de pensar,
· aceptar el hecho de que cada palabra y cada valor contienen un sentido y su contrario, y
· buscar esa palabra vivificante opuesta a la palabra dogmática y fijada.